lunes, 30 de junio de 2008

Mafalda: de historias y de historietas



En nuestro país, las historietas hicieron su aparición en el siglo XIX en los diarios de la época, y al comienzo fueron de origen estadounidense. La tira se hizo un lugar propio, posteriormente, en las revistas al pasar de ser un elemento complementario de la publicación a una necesidad propia de los lectores.
El advenimiento de la historieta en los Estados Unidos se debió a los avances técnicos, el surgimiento de las nuevas tecnologías, que favorecieron la emisión de miles de ejemplares a un público masivo, aunque no se tenía bien en claro quiénes llegaba.
La historieta como producto mediático, alcanzó gran tirada y aceptación en Norteamérica. Sin embargo su historia, está fuertemente ligada a la de otro importante género popular, como fue el folletín.
La analogía entre la historieta y el folletín es la oralidad con que se presenta en el discurso, dicho en una u otra publicación. El folletín en sus inicios era escrito para ser oído y eso dejaba ver la oralidad presente en el proceso de producción. “Porque leer para los habitantes de la cultura oral es escuchar, pero esa escucha es sonora”.
A su vez la historieta utiliza el recurso de la oralidad cuando dota de voces a los personajes que interactúan en la misma. Otra semejanza con el folletín, por parte de la historieta, es “la fragmentación de la lectura”. Como el folletín se tiraba por episodios semanales, la historieta comenzó haciendo su aparición en revistas de tiradas periódicas para después emitirse diariamente en los diarios de la época. Usualmente las historietas reflejaban, en tono de humor, parodiando las noticias más relevantes de la semana. El humor gráfico proporciona información en tres aspectos importantes: el cultural, el estilístico y el socio-político.
Así la historieta surge como otra forma de materializar lo popular en el medio gráfico. La Argentina no quedó afuera de este fenómeno mundial, y desde hace más de cien años este fenomenal invento mediático popular está presenta entre nosotros. Hija de esta historia, la historieta de Quino, Mafalda resulta un excelente ejemplo del lugar que este género popular supo ocupar en nuestro país.


La niña preguntona


Mafalda nace en 1964, y hace su primera aparición pública al año siguiente en la revista Primera Plana, cuando la misma le pide a Joaquín Lavado, Quino, una tira cómica similar a la del estadounidense Schultz, Peanuts. La niña preguntona y sus amigos, Susanita, Felipe, Manolito y Miguelito, constituyeron la principal lectura político-social de la semana, hasta 1973, año de su desaparición. Según La Historia de la Historieta Argentina de Trillo y Saccomano, “nuestra clase media se reconfortaba al ver a alguien preocupado por el mundo, por el país, por el hombre, por las enfermedades. Y en Mafalda vió reflejadas sus propias opiniones, sus angustias. Eso fue Mafalda y eso es Mafalda hoy. Una historieta, una historia, una tira cómica llena de significaciones, de percepciones, con una fuerte crítica socio-política hacia la gente del mundo.”
Así, en una de sus viñetas, Mafalda cuestiona a varios de sus vecinos sobre la bondad y el hecho en sí mismo de ser “buenas personas”. Las respuestas que obtuvo fueron a favor del sí, es decir, positivas. Ante esta situación el personaje se sorprende de la bondad de las personas cuestionadas. En la viñeta siguiente, a modo contestatario sobre el cuestionamiento de la niña y en total contraposición a estas declaraciones, aparece una pared cubierta con graffitis que hablan sobre las diferencias políticas existentes. Diversas posturas, tanto de derecha como de izquierda, tanto nacional como internacional, se dicen y se refutan entre sí en el mismo espacio público. Esto, deja ver los diversos tipos de discursos políticos que se entrecruzaban en la época, que contempla los procesos socio-históricos de fin del siglo XX, como por ejemplo el contexto de la Guerra Fría, que son explícitos en las tiras de Mafalda.
Además, las representaciones en la pared (graficadas por Quino), la utilización de los graffitis como medio de materializar las ideas políticas vigentes, demuestra la utilización del espacio público en la vida real y, como en él, se establecían las discusiones políticas e ideológicas. En la historieta, Mafalda ficciona la realidad del uso del espacio público como mediador entre los discursos de la época. También hoy, estos tipos de manifestaciones, como ser la utilización de graffitis, se siguen haciendo presentes como forma de concretar lo popular en el espacio público urbano. Se hace visible la reapropiación de los diferentes lugares de la ciudad en función de manifestar sobre las distintas corrientes políticas de los diversos colectivos, heterogéneos, que se entrecruzan en la sociedad.

De la realidad en Mafalda

En una de las viñetas de la historieta, Mafalda y Susanita van caminando por la vereda y ven a un linyera tirado en la calle y comentan sobre la gente pobre. Mafalda atesora la idea de darles protección mientras Susanita intenta eludir la responsabilidad con un tinte materialista. Es una contradicción sencilla que encierra prejuicios y conceptos errados sobre el ser humano y el ser social, alineándose a la hipótesis de la década del ‘60 sobre el humor social, reemplazando al humor político, donde ya no interesan los gobernantes ni sus deficiencias físicas ni sus actitudes. (De La Historia de la Historieta Argentina.)
Mafalda alega un discurso de Justicia Social y el Estado de Bienestar, instaurado durante el gobierno de Perón, al decir “¡Habría que dar techo, trabajo, protección y bienestar a los pobres!”. No se refiere en sí a la doctrina funcionalmente establecida pero sí a la preocupación de la Fundación Evita por los pobres y oprimidos.
En la viñeta siguiente las mismas dos niñas hablan sobre los países subdesarrollados ante la protesta de Susanita sobre vivir en un país de esos. Mafalda siente la ofensa como propia y aclara sobre la posibilidad de llamar al país amateur.
En otra viñeta de Mafalda, se encuentra sólo la niña y la misma reflexiona asombrada sobre la importancia que tiene el dedo índice de la mano. Este dedo suele ser el “indicador” por excelencia porque señala lo exterior, lo otro o bien a otros. Mafalda se habla a sí misma, y hace un gesto con el dedo indicando y resaltando el poder que tiene el pequeño dedo para apuntar y tomar decisiones. Es decir este acto demuestra todo el poder político que se asume con este gesto, que inclusive a veces se llega a denominar “dedo napoleónico”. La niña ejemplifica el hecho diciendo que un patrón al utilizar su dedo índice puede dejar a miles de obreros en la calle, sin trabajo. Es decir que el dedo del patrón, utilizado en ese contexto, es el “ordenante y determinante” sobre otras personas o cosas.
La importancia que tiene este hecho para Mafalda es relevante, ya que ella en su inocencia, asemeja esta acción por parte del patrón y deduce que la misma es la que activa el índice de desocupación. Índice, que es tan resonante dentro los discursos políticos que se entrecruzan en la época. Si bien la analogía no es precisa, el autor de la tira toma un ejemplo tan cotidiano para explicar una realidad tan cercana a los sectores populares. La situación de la insostenibilidad de un empleo, la dependencia que se forja entre trabajadores y empleadores, es decir, la puja que se da, como lo diría Marx, entre los propietarios de los medios de producción y el proletariado. La típica relación que el autor describe como “relación de opresores y oprimidos”.
Mafalda habla así de la realidad, utilizando su reflexión e inocencia, para acercar a sus lectores un análisis propio de la situación política y económica por la que atraviesa el país. Siendo así un mecanismo de mediación entre los lectores y la realidad que los involucra.

Autores:
Leandro Raúl Díaz.
Anabel Marisol Giménez.

1 comentario:

Leandrito dijo...

El mejor texto de todos!!!!!!!!!!!!
JAJAJA...
Me gusto que se hayan expuesto nuestros trabajos en un blog.. Ojala podamos seguir posteando mas trabajos.. Y mi.. que hay pa postaer!!!
Saludos a todos!